A más de un mes del doble terremoto que sacudió al país el pasado 24 de junio, una tragedia silenciosa aflora en los hospitales y centros de salud: cientos de sobrevivientes que sufrieron lesiones por aplastamiento se enfrentan hoy a la pérdida de extremidades. Sin cifras oficiales consolidadas sobre esta secuela, la necesidad de prótesis y asistencia médica especializada se ha convertido en una emergencia de segundo nivel que exige recursos urgentes.
Frente a esta dura realidad, Juan Pablo Dos Santos —quien hace años perdió ambas piernas en un accidente de tránsito y transformó su experiencia en superación personal— ha asumido una nueva misión. Recorriendo las habitaciones de hospitales en La Guaira, ha visitado a cerca de 50 pacientes, entre adultos y niños, que despiertan sin saber cómo reiniciar sus vidas. Su labor se enlaza con el trabajo que se realiza en el galpón de Ortoprotécnica en Catia, un espacio industrial donde especialistas combinan tecnología internacional, fibra de carbono y esfuerzo humano para devolverle la autonomía y la movilidad a quienes lo perdieron todo.
Una segunda vida entre herramientas y esperanza
Para las víctimas de los derrumbes, una prótesis representa la diferencia fundamental entre la dependencia total y la posibilidad de volver a caminar, trabajar y reconstruir su futuro. Mientras las autoridades contabilizan los miles de fallecidos y damnificados por el sismo, iniciativas como las lideradas en este centro técnico de Catia demuestran que la rehabilitación física y emocional es el siguiente gran desafío para sanar las heridas del litoral guaireño.

