Tras los hechos violentos que sacudieron recientemente a la opinión pública en Valencia, el abogado y psicólogo José Ángel Sánchez Ríos presentó una guía de protección personal dirigida a víctimas de relaciones con perfiles de alta peligrosidad. El documento, titulado “El Manual de la Retirada Silenciosa”, surge como una respuesta preventiva ante casos como el de Roberto Salas, señalado por el asesinato de Vanessa Centeno y su tío Orlando Rodríguez.
La propuesta parte de una premisa clara: en contextos de violencia, el sentido común resulta insuficiente. Según explica el especialista, estos agresores operan bajo lógicas de control, donde la manipulación emocional y el acceso a la información se convierten en herramientas estratégicas. Por ello, plantea sustituir la reacción emocional por una planificación táctica orientada a la seguridad.
El manual identifica señales tempranas que suelen pasar desapercibidas. Entre ellas, destaca la llamada “violencia invisible”, que se manifiesta en conductas como el control de horarios, el aislamiento progresivo del entorno cercano o la vigilancia de dispositivos personales. Para Sánchez Ríos, estos patrones configuran una fase previa que puede escalar hacia agresiones más graves si no se detecta a tiempo.
Uno de los puntos centrales de la guía es replantear la forma en que se produce la ruptura. Lejos de promover confrontaciones o cierres emocionales, el especialista advierte que la salida debe concebirse como un proceso estratégico. Mantener la normalidad mientras se organiza la retirada, evitar discusiones y no activar reacciones del agresor forman parte de una lógica que prioriza la integridad de la víctima.
En paralelo, el documento introduce el concepto de “contrainteligencia digital”. Esto implica reforzar la seguridad en redes sociales, cambiar contraseñas desde dispositivos seguros y eliminar posibles mecanismos de rastreo. A ello se suma la preparación logística, que incluye resguardar documentos, disponer de recursos económicos y evitar destinos previsibles que puedan facilitar la localización.
La denuncia formal también es abordada como un paso necesario, aunque no suficiente. Sánchez Ríos insiste en que la protección real se construye en red. Informar a vecinos, compañeros de trabajo o personal de seguridad permite ampliar el círculo de alerta y reducir los riesgos en momentos críticos.
Más allá de su carácter técnico, la guía busca generar un cambio de enfoque en quienes atraviesan este tipo de situaciones. “La prioridad no es que el agresor entienda, sino garantizar que no tenga acceso a la víctima”, sostiene el especialista, quien subraya la importancia de actuar antes de que la violencia escale.
La iniciativa se presenta así como una herramienta preventiva en un contexto donde los casos de violencia extrema han evidenciado la necesidad de protocolos más claros y accesibles para la ciudadanía.

