La Bahía de Patanemo no solo es un refugio para el descanso; es una despensa viva que este 11 de abril sacará sus mejores galas. El Festival del Sancocho regresa en su sexta edición para recordarnos que el alma de Carabobo se cocina a fuego lento.
Organizado por la plataforma Carabobo Gastronómico, el evento arrancará a las 11:00 a. m. bajo la brisa marina. En esta contienda, los protagonistas son los cocineros de los kioscos locales, verdaderos custodios de la identidad culinaria regional.
La premisa es clara: exaltar el producto de proximidad y el legado familiar. Cada sancocho presentado será una narrativa líquida de recetas que han sorteado el tiempo para llegar intactas a nuestras mesas.
Un jurado de «paladares negros» y expertos en técnica culinaria tendrá la difícil tarea de elegir al ganador. Se evaluará el equilibrio del sabor, la estética del plato y, sobre todo, el respeto por el ingrediente autóctono.
Los vencedores no solo se llevarán el prestigio de la costa. Recibirán premios en metálico, equipamiento de cocina profesional y el codiciado certificado de excelencia de Carabobo Gastronómico.
El legado de los campeones
La sombra de la última ganadora, Michelle Mendoza, del kiosco La Bokaina, planea sobre esta nueva edición. Su sancocho de carite hizo historia al utilizar una técnica de marinado de cabeza con ají dulce y un sellado previo a la plancha que elevó el sabor del fumé a niveles celestiales.
Pero no fue la única propuesta que dejó huella. El mítico Nelson «Pepo» Tovar recordó al jurado el valor de lo ancestral con su sancocho de lebranche, cocinado estrictamente a la leña, cubierto con hojas de plátano y servido con ese ajicero picante que es firma de la casa. Es ese ahumado rústico el que los puristas buscarán este año.
Las normas que rigen la competencia en Patanemo son leyes no escritas de la mar y el fogón, mandatos innegociables que blindan la esencia de la economía local. Bajo el concepto de «Kilómetro Cero», solo se permite el uso de pescado de la zona, capturado al alba por los mismos pescadores artesanales que custodian la bahía.
A diferencia de los sancochos «cruzados» que se aventuran en otras latitudes, aquí impera una pureza absoluta de proteína donde el océano manda y las carnes rojas o aves están proscritas. Todo se reduce, finalmente, a la maestría de la técnica tradicional: ese equilibrio casi poético entre el punto exacto de cocción del pescado y la densidad de un caldo que debe alcanzar su cremosidad solo mediante el rito del fuego y el almidón de la tierra.
Ecosistema con técnica
Zoraida Barrios, la reconocida «Mamazory», lidera esta cruzada por la memoria gustativa. «El sancocho es nuestro ADN; es una receta que no podemos permitir que se desdibuje», afirma la investigadora.
Para Barrios, este festival es un ecosistema donde la técnica académica abraza al saber popular. Es la oportunidad perfecta para que el comensal entienda el valor de lo que crece y se pesca en nuestras tierras.
El evento promete ser un festín para los sentidos, donde el sonido de las olas se mezcla con el burbujeo de las ollas. Es una invitación a reencontrarnos con los sabores que nos definen como pueblo.
Las marcas aliadas también se suman a esta fiesta, garantizando que cada detalle, desde la logística hasta la premiación, esté a la altura de un festival de talla internacional.
Si quieres saber más sobre esta cita imperdible, sigue la pista en @carabobogastron. Patanemo nos espera con la mesa servida y el fuego en su punto exacto este 2026.

