La crisis productiva en el estado Carabobo ha transformado el mercado laboral en un escenario de subsistencia extrema. Con el motor industrial de la entidad paralizado en más de un 70%, las vacantes en el sector formal han desaparecido casi por completo, dando paso a lo que la federación de trabajadores (Fetracarabobo) califica como condiciones de «esclavitud moderna».
Jhonny Magdaleno, secretario general de la organización, explicó este jueves que una parte considerable de la población activa sobrevive trabajando como ayudantes en comercios informales por una remuneración de apenas 20 dólares a la semana. Este fenómeno no solo afecta a los jóvenes, sino también a jubilados y pensionados del sector público quienes, pese a los recientes ajustes en los bonos de guerra (150 dólares para jubilados y 50 para pensionados), no logran cubrir la canasta básica.
El diagnóstico de Fetracarabobo es alarmante: de las 6.000 empresas que conformaban el robusto parque industrial carabobeño, hoy solo sobreviven unas 600 entre pequeñas y grandes estructuras. De este grupo residual, al menos 200 operan a una capacidad mínima de entre el 20% y el 30%, lo que mantiene el empleo formal estancado en niveles históricos de precariedad.
Magdaleno subrayó que, aunque existe optimismo sobre el regreso de la inversión extranjera y la reactivación de las ensambladoras de vehículos y autopartistas en este 2026, nada de esto será tangible sin seguridad jurídica. «Aquí la inversión se hizo en bodegones, no en empresas privadas productivas», fustigó, mientras reiteraba el llamado al Ejecutivo para que se revisen los salarios de acuerdo con el artículo 91 de la Constitución, garantizando un ingreso digno que detenga la migración forzada hacia la informalidad.

