La Asociación Venezolana de Cultivadores de Tabaco (AVENCULTA) reafirmó su papel dentro del aparato productivo nacional al presentar su Memoria y Cuenta 2026, en un contexto donde el sector agrícola busca reposicionarse como motor económico. La actividad no solo sirvió para hacer balance de gestión, sino también para proyectar una agenda de crecimiento sostenido en medio de las complejidades estructurales del país.
Con seis décadas de trayectoria, el gremio tabacalero exhibe una evolución marcada por ciclos de contracción y recuperación. Fundada en 1965, AVENCULTA nació con el objetivo de defender a los productores y fortalecer la cadena de valor del tabaco en Venezuela, una meta que, según sus voceros, se mantiene vigente en la actualidad.
Durante la jornada, la directiva puso sobre la mesa cifras que evidencian una recuperación significativa en la producción. El salto de 2,6 millones a 4,5 millones de kilogramos en apenas dos ciclos agrícolas refleja no solo un incremento en la superficie cultivada, sino también una mejora en la confianza del productor hacia el mercado interno.
Este comportamiento no es aislado. De acuerdo con balances recientes, el sector agrícola venezolano creció 8,6% durante 2025, impulsado principalmente por rubros estratégicos como el maíz, el arroz y la caña de azúcar, lo que evidencia una tendencia de recuperación progresiva en la base productiva nacional.
Incluso, algunos segmentos han mostrado desempeños más dinámicos. La caficultura, por ejemplo, registró un incremento superior al 55% en su producción, acompañado de un aumento de más de 500% en exportaciones, consolidándose como uno de los rubros con mayor proyección internacional dentro del agro venezolano.
El presidente del gremio, Rafael Russian, subrayó que el abastecimiento del mercado nacional depende completamente de la producción local, un dato que posiciona al tabaco como uno de los rubros con mayor soberanía productiva dentro del país. Esta característica lo convierte en un caso atípico en una economía históricamente dependiente de importaciones.
Más allá de los números, el impacto del sector se mide en términos sociales. La actividad tabacalera sostiene a miles de familias en distintas regiones del país, generando empleo directo e indirecto y dinamizando economías locales que dependen, en gran medida, de la actividad agrícola.
Estados como Cojedes, Guárico, Portuguesa y Carabobo han sido históricamente territorios clave para este cultivo. En ellos, la reactivación de zonas productivas no solo implica mayor rendimiento agrícola, sino también la recuperación de circuitos económicos que habían quedado parcialmente paralizados.
Uno de los aspectos más destacados del balance fue la baja proporción de tierra que ocupa el tabaco dentro del total cultivable del país, lo que contrasta con su alto impacto socioeconómico. Este rendimiento relativo lo posiciona como un cultivo estratégico, capaz de generar valor con una huella territorial limitada.
Sin embargo, el entorno productivo sigue condicionado por limitaciones estructurales. El acceso al financiamiento continúa siendo uno de los principales cuellos de botella del agro venezolano, al igual que la inestabilidad cambiaria y la inflación, factores que afectan la planificación y reducen los márgenes de rentabilidad de los productores.
A ello se suman problemas operativos persistentes como la escasez de combustible, el rezago tecnológico y la competencia desleal de productos importados, elementos que han limitado históricamente la capacidad de expansión del campo venezolano y que siguen marcando la agenda del sector.
Pese a estos retos, el agro ha logrado sostener una racha de crecimiento continuo, acumulando más de 20 trimestres consecutivos en expansión, lo que refleja una resiliencia sostenida impulsada tanto por pequeños productores como por unidades de producción más estructuradas.
La sostenibilidad ambiental se perfila ahora como una de las principales tareas a futuro, en línea con tendencias globales que exigen prácticas agrícolas más responsables. La transición hacia el uso de insumos biológicos y la reducción de agroquímicos forma parte de esta nueva etapa.
En paralelo, AVENCULTA apuesta por diversificar su impacto mediante la organización de su primera Expo Comercial, un evento que busca articular distintos sectores productivos y generar oportunidades de negocio. La iniciativa responde a la necesidad de integrar cadenas de valor en un entorno económico cada vez más competitivo.
La expo, que se realizará en Carabobo, reunirá a actores de los sectores agrícola, agroindustrial y automotor, con el objetivo de fomentar alianzas estratégicas. Este tipo de encuentros apunta a consolidar espacios de intercambio que trasciendan la producción primaria.
Además de la exhibición comercial, el evento incluirá ruedas de negocio y conferencias técnicas, orientadas a mejorar la productividad y modernizar las prácticas agrícolas. La transferencia de conocimiento se posiciona como un eje clave para sostener el crecimiento del sector.

