En lo que representa el mayor avance energético de la última década, las corporaciones Chevron y Shell se encuentran en la fase final de negociaciones para suscribir nuevos contratos de producción petrolera y gasífera en territorio venezolano. Según fuentes cercanas al proceso, estos acuerdos son los primeros de gran escala que se concretan tras la captura de Nicolás Maduro y la posterior reforma integral de la Ley Orgánica de Hidrocarburos aprobada por la Asamblea Nacional, la cual ahora permite a empresas extranjeras el control operativo y comercial de sus proyectos, incluso como socios minoritarios.
Chevron ha centrado su estrategia en la Faja del Orinoco, donde busca la expansión de Petropiar mediante el desarrollo del área Ayacucho 8. Este movimiento permitiría a la compañía estadounidense aprovechar reservas probadas desde hace dos décadas y aumentar sustancialmente la exportación de crudo extrapesado, apoyándose en incentivos fiscales y regalías reducidas contempladas en la nueva legislación. Por su parte, Shell ha firmado acuerdos preliminares para intervenir en los campos Carito y Pirital, en el estado Monagas. La estrategia de la anglo-holandesa se enfoca en la captura y procesamiento de gas natural para su posible exportación a Trinidad y Tobago, además de la producción de crudo ligero y mediano, vitales para el mercado internacional.
Este relanzamiento de la industria ocurre bajo la atenta supervisión de funcionarios estadounidenses, quienes validan que cada contrato cumpla con los estándares internacionales. Mientras Pdvsa concluye la revisión de todos los convenios de producción compartida a finales de marzo, otras empresas como Repsol y Maurel & Prom también evalúan ampliar sus operaciones. La meta conjunta es consolidar el crecimiento de una producción que actualmente ronda los 1,05 millones de barriles diarios

