El ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, utilizó la conmemoración del 34° aniversario del 4 de febrero de 1992 para enviar un mensaje de urgencia a la dirigencia y las bases del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En su primera intervención de alto calado tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, Cabello admitió que el chavismo enfrenta una crisis de cohesión que pone en riesgo su permanencia en el poder si no se logra una «máxima unidad» inmediata.
«Mientras nos vean unidos, lo pensarán. Si nos ven separados, nos van a comer uno a uno. Y no va a quedar nadie, ninguno de nosotros», sentenció Cabello desde el Cuartel de la Montaña. Sus declaraciones surgen en un contexto de incertidumbre dentro del oficialismo, marcado por la instauración de la presidencia interina de Delcy Rodríguez y el inicio de una fase de negociación directa con los Estados Unidos que ha desplazado a figuras tradicionales del entorno de Maduro.
Disciplina ante «decisiones incómodas»
Sin mencionar directamente las negociaciones de la administración de Rodríguez con Washington, Cabello pidió a los cuadros militares y políticos elevar los niveles de conciencia para procesar los cambios actuales. El jefe ministerial fue enfático al señalar que el momento histórico no permite individualismos y que la dirigencia debe estar preparada para ejecutar medidas que, aunque difíciles de asimilar, son fundamentales para la viabilidad del proyecto bolivariano.
Cabello elevó el tono al calificar la detención de Nicolás Maduro y Cilia Flores como un acto «artero y vil», refiriéndose a ellos como «prisioneros de guerra». Al evocar episodios históricos como el golpe de 2002, el ministro intentó trazar una línea de resistencia, asegurando que solo la cohesión interna permitirá que el chavismo siga siendo un actor relevante en el proceso político que vive el país bajo la supervisión internacional.

