Tres semanas después de la captura de Nicolás Maduro, la Casa Blanca ha comenzado a diseñar, bajo estricta reserva, planes de contingencia ante un posible desmoronamiento del chavismo bajo el mando de Delcy Rodríguez. Según fuentes cercanas al entorno presidencial consultadas por el diario ABC, la estrategia de la administración de Donald Trump ha dado un giro pragmático: el objetivo prioritario ya no es una transición democrática inmediata, sino garantizar la estabilidad para evitar que el país caiga en un vacío de poder o una guerra civil.
En Washington se baraja la creación de un consejo tecnocrático con competencias limitadas y un calendario definido, un modelo inspirado en el Consejo de la Paz que Trump promueve para Gaza. Este organismo buscaría administrar el país si la figura de Rodríguez deja de ser sostenible, evitando el colapso de la cadena de mando militar, el sabotaje de la infraestructura eléctrica o el descontrol en zonas mineras. «Lo único peor que una continuidad autoritaria es el caos», resume un asesor estadounidense, reflejando el temor a una nueva crisis migratoria masiva.
Esta lógica explica el inusual trato cordial que Trump dispensa a Delcy Rodríguez, a quien ha calificado públicamente como una interlocutora «tremenda». Lejos de ser una absolución ideológica, los analistas señalan que se trata de una herramienta de gestión para asegurar un «aterrizaje suave». El reconocimiento de que ambos han hablado «abundantes veces» —incluso antes de la captura de Maduro— confirma que Washington prefiere mantener un canal abierto con el actual andamiaje chavista para prevenir un efecto dominó de violencia y fragmentación estatal que afecte los intereses regionales.

