El aura de galán eterno que ha rodeado a Julio Iglesias durante décadas se enfrenta hoy a una grieta de dimensiones sísmicas. Una investigación conjunta de ElDiario.es y Univisión ha sacado a la luz testimonios que no solo cuestionan la conducta privada del artista, sino que describen un engranaje de explotación y violencia sexual operando bajo la impunidad de sus residencias de lujo en Punta Cana y Bahamas.
Los relatos, centrados en hechos ocurridos en 2021, dibujan un escenario de terror doméstico. El testimonio de una joven empleada, protegida bajo el pseudónimo de Rebeca, es particularmente descarnado: describe jornadas laborales interminables que derivaban, sistemáticamente, en encuentros sexuales no consentidos. Lejos de la imagen de caballero que el cantante proyectó al mundo, las acusaciones retratan a un hombre de 77 años ejerciendo un poder despótico, justificando prácticas sexuales dolorosas y degradantes bajo el pretexto de paliar dolencias físicas crónicas.
Lo que dota a esta denuncia de una gravedad estructural es la presunta complicidad del entorno. Según los testimonios, el abuso no era un hecho aislado, sino una norma aceptada por la gestión del hogar. El proceso de selección de personal —orientado a captar mujeres jóvenes y solteras mediante exigencias estéticas— parece haber sido el primer eslabón de un sistema de control asfixiante. Las empleadas, atrapadas bajo un régimen de confinamiento selectivo y salarios paupérrimos, se encontraban en un estado de vulnerabilidad absoluta frente a las humillaciones verbales y físicas.
El hermetismo ha sido, hasta ahora, la única respuesta. Ni el entorno legal del artista ni su círculo familiar han ofrecido réplica a estas acusaciones que ya circulan globalmente. Mientras el caso resuena en la opinión pública, se desvanece la mística del «truhan y señor», dejando en su lugar el inquietante perfil de un sistema de servidumbre diseñado para satisfacer los caprichos más oscuros de su regente. El peso de la evidencia testimonial pone ahora en entredicho si el legado de Iglesias podrá sobrevivir al juicio de la historia contemporánea.

