La medicina moderna ha logrado cronificar el VIH, pero el éxito terapéutico no se reparte de forma equitativa. Un estudio de largo aliento, fundamentado en la cohorte española CoRIS y presentado en el reciente Congreso Nacional de GeSIDA, ha arrojado luz sobre una realidad inquietante: las mujeres transgénero presentan resultados clínicos significativamente inferiores al resto de los grupos poblacionales, a pesar de demostrar un compromiso inicial ejemplar con el sistema sanitario.
La investigación, liderada por la doctora Cristina Díez Romero del Hospital Gregorio Marañón, ha diseccionado dos décadas de datos de más de 17.000 pacientes. Las conclusiones desafían las ideas preconcebidas sobre el acceso a la salud. Si bien las mujeres trans se vinculan a los servicios médicos con mayor celeridad que los hombres cisgénero tras el diagnóstico —alcanzando tasas de supresión viral temprana muy positivas—, la estructura del cuidado se desmorona en el largo plazo.
El informe revela tasas superiores de fracaso virológico y una mayor incidencia de enfermedades definitorias de sida en este colectivo. La paradoja es evidente: el sistema es capaz de captar a la paciente, pero incapaz de retenerla con éxito. Esta «trayectoria inestable» no se traduce en una mayor mortalidad inmediata, pero sí en una vulnerabilidad crónica que compromete seriamente la calidad de vida y la eficacia de los fármacos antirretrovirales.
Para la comunidad científica, las barreras no son estrictamente farmacológicas, sino estructurales. La doctora Díez sugiere que las dificultades para mantener la adherencia sostenida responden a un complejo entramado de factores sociales y obstáculos en el seguimiento que el modelo clínico estándar no logra mitigar. El estudio concluye con un llamado a la acción: la necesidad urgente de diseñar estrategias de salud pública que integren la atención clínica con los determinantes sociales, adaptando la asistencia a las realidades vitales de un colectivo que, aunque acude a la llamada del sistema, termina perdiéndose en sus grietas.

