Durante la primera misa del año, celebrada en el Vaticano y enmarcada en la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el papa León XIV lanzó un mensaje contundente frente a los conflictos globales: la humanidad no encontrará salvación a través de la confrontación ni del uso de la fuerza, sino mediante el perdón, la comprensión y la apertura al otro.
Ante miles de fieles congregados en el templo vaticano, el pontífice —primer papa estadounidense y miembro de la orden agustina— apeló al pensamiento de San Agustín para subrayar que el amor de Dios se manifiesta sin condiciones ni cálculos, representado en la fragilidad de un niño recién nacido. Para León XIV, ese gesto simbólico encierra una enseñanza clave para el mundo contemporáneo.
En su homilía, advirtió que las dinámicas de exclusión, juicio y violencia solo profundizan las fracturas sociales y políticas. En contraste, defendió una visión de paz construida desde la empatía y la reconciliación, capaz de liberar a las personas del miedo y de la lógica del enfrentamiento permanente.
El inicio de 2026, sostuvo, debe asumirse como una oportunidad de renovación personal y colectiva, en la que el perdón se convierta en una práctica activa y transformadora. Invitó a los creyentes a concebir el nuevo año como un camino abierto, donde la fe impulse una vida marcada por la libertad interior y la capacidad de reconciliarse con los demás.
En ese sentido, llamó a abrazar una idea de paz “desarmada”, especialmente en un contexto internacional donde el aumento del gasto militar contrasta con las heridas aún abiertas de los conflictos del siglo pasado. El papa insistió en que este compromiso no debe limitarse a un calendario litúrgico, sino convertirse en una actitud permanente.
La celebración coincidió con la difusión del primer mensaje oficial de León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, en el que expresó su preocupación por la normalización de discursos pesimistas y belicistas. En el documento, alertó sobre el crecimiento sostenido del presupuesto militar global y cuestionó la narrativa que presenta la guerra como una vía inevitable para garantizar la seguridad.
Finalmente, el pontífice advirtió que la creciente inestabilidad internacional y la retórica del miedo están alimentando decisiones políticas que profundizan la desconfianza entre las naciones, alejando al mundo de una paz real y duradera.

