El panorama geopolítico en el Caribe ha alcanzado un punto crítico. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció que las recientes medidas del Gobierno de EE. UU. para obstaculizar el comercio de crudo venezolano y la persecución de buques hacia la isla forman parte de un plan para «destruir la Revolución Cubana» y derrocar al Gobierno Bolivariano.
Según el canciller, estas acciones de «máxima presión» tienen un impacto directo y devastador en el sistema energético nacional de Cuba y, por ende, en la vida cotidiana de sus ciudadanos.
El Despliegue Militar y la Narrativa del Narcotráfico
Desde agosto pasado, Washington mantiene el mayor despliegue militar de las últimas décadas en el Caribe. Aunque inicialmente se justificó como una operación de combate al narcotráfico, el discurso ha virado hacia el control de recursos estratégicos:
- Incautaciones: EE. UU. ha incautado al menos dos buques petroleros en las últimas semanas, actos que Caracas califica de «robo» y «piratería».
- Consecuencias Letales: Se han reportado más de 100 muertes derivadas de una veintena de bombardeos estadounidenses contra pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, sin pruebas públicas de vínculos con actividades ilícitas.
- Presión Naval: La presencia sostenida de activos navales y aéreos busca, según Venezuela, la «recolonización» del continente.
Respuesta Internacional ante el Consejo de Seguridad
En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, solicitada por Venezuela, el representante Samuel Moncada denunció una «masiva violación del derecho internacional». La postura venezolana recibió un respaldo significativo:
- Rusia: El representante Vasili Nebenzia advirtió que las acciones contra Venezuela podrían convertirse en un «modelo» para futuras intervenciones militares en otros estados latinoamericanos.
- Aliados Regionales: Países como China, Colombia, Brasil, México y Nicaragua manifestaron su apoyo a Caracas, rechazando el uso de la fuerza y la apropiación ilegal de recursos.

