El crecimiento acelerado de la actividad espacial alrededor de la Luna plantea un desafío inesperado para el futuro de la exploración. Investigadores y agencias espaciales advierten que determinadas regiones del satélite natural podrían convertirse en zonas de impacto destinadas a recibir equipos fuera de servicio, una solución drástica para evitar daños en áreas de alto valor científico, histórico o cultural.
En las próximas dos décadas, el número de satélites que orbitarán la Luna aumentará de manera sostenida. Con planes para instalar bases permanentes y desarrollar minería espacial, la creación de constelaciones de comunicación y navegación —similares al GPS terrestre— es inminente. Sin embargo, surge una pregunta crítica: ¿qué pasará con estos dispositivos cuando agoten su vida útil?
El Problema de la Ausencia de Atmósfera
A diferencia de la Tierra, donde los satélites se desintegran por fricción al reingresar en la atmósfera, la Luna carece de esta capa protectora. «Esos satélites tendrán que estrellarse en la Luna, por lo que potencialmente se convertirá en un vertedero de basura», advirtió Fionagh Thomson, investigadora de la Universidad de Durham.
Sin un plan de descarte, los impactos no controlados representan una amenaza para:
- Sitios Históricos: Como las huellas dejadas por las misiones Apolo.
- Infraestructura Futura: Incluyendo telescopios e instrumentos de alta sensibilidad.
- Laboratorios Naturales: Regiones prístinas que podrían contaminarse con restos artificiales.
Los choques ocurrirían a velocidades cercanas a los 1,9 kilómetros por segundo, generando vibraciones intensas y nubes de polvo abrasivo que podrían dañar equipos permanentemente.
Tres Alternativas para el Descarte
Actualmente, los ingenieros evalúan tres soluciones principales para gestionar el hardware obsoleto:
- Órbita Solar: Utilizar propulsión para enviar el satélite fuera del sistema Tierra-Luna (costoso en términos de combustible).
- Órbitas de Almacenamiento: Trasladarlos a órbitas lunares lejanas, aunque la gravedad irregular de la Luna hace que estas órbitas sean inestables.
- Impacto Controlado: Dirigir el satélite hacia zonas específicas de la superficie, minimizando la dispersión de restos.
«Cementerios» Lunares: La Solución Práctica
La propuesta con mayor consenso es la creación de «zonas de impacto» o cementerios espaciales en cráteres específicos. «Establecer zonas de impacto en la Luna es la solución más práctica», afirmó Ben Hooper, director del proyecto Lunar Pathfinder. Esta estrategia limitaría la propagación de chatarra y preservaría áreas críticas para la ciencia.
Incluso, algunos científicos ven una oportunidad en estos aterrizajes forzosos. El profesor John Zarnecki señaló que los impactos en lugares seleccionados podrían funcionar como experimentos de sismometría, aportando datos valiosos sobre la estructura interna del satélite.
Con más de 400 misiones previstas por potencias como EE. UU., China, Rusia y Europa, la gestión de los residuos espaciales emerge como un pilar fundamental para garantizar que la nueva era de exploración lunar sea sostenible y respetuosa con el legado de la humanidad.

