Valencianos sudaron al ritmo del funk de Los Amigos Invisibles

La noche del viernes 12 de diciembre no fue una más para Valencia. El estacionamiento de Wynwood Park dejó de ser un espacio funcional para convertirse en territorio emocional. Más de 3.000 personas se congregaron allí para reencontrarse con una banda que no solo marcó una época, sino que sigue funcionando como un puente generacional: Los Amigos Invisibles. Era su concierto número 46 del año, pero en la ciudad se vivió como un regreso largamente esperado.

Desde temprano se percibía una atmósfera particular. No era el nervio ansioso de un público joven que va a descubrir algo nuevo, sino la expectativa de quienes venían a confirmar recuerdos. La audiencia, mayoritariamente adulta, mezclaba camisetas viejas, risas cómplices y conversaciones que arrancaban en los años noventa y terminaban en el presente. Padres e hijos compartían cervezas y referencias musicales. Algunos cantaban antes de que la banda saliera a escena. Otros simplemente observaban, como quien se prepara para volver a un lugar conocido.

Daniel Blanco llegó a as 10:45, estacionó su carro muy lejos del recinto y corrió hasta la entrada de Wynwood Park. «Tenía unos compromisos y sabía que iba a llegar tarde, me perdí los dos primeros shows, los de los teloneros y mientras iba corriendo escuché la primera canción y eso me dio como un subidón de energía».

En ese momento, Julio Briceño, Chulius, apareció en tarima junto a Catire Torres y el resto de la banda, no hubo estridencia inicial. El arranque fue medido, casi elegante, como si el público y el grupo se estuvieran reconociendo de nuevo. Bastaron los primeros acordes para que esa contención se rompiera. El concierto empezó a tomar cuerpo y el espacio se transformó en una fiesta colectiva que ya no soltó a nadie.

El setlist fue un recorrido consciente por distintas etapas de la banda. Sonaron temas que definieron el llamado “New Sound of the Venezuelan Gozadera” y otros que consolidaron su madurez musical. Canciones como “La Vecina”, “Ponerte en Cuatro” y “Cuchi Cuchi” no necesitaron presentación: el público se encargó de corearlas completas, sin perder una palabra, sin ironía, sin distancia. Era un canto frontal, celebratorio, casi ritual.

Barbara Rincón está sentada en una de las mesas junto a la tarima y se le salen unas lágrimas en compañía de una amiga mientras gritan y brincan. «Yo crecí con está música, era la que mi papá ponía cuando viajabamos a Maturín y tenía muchos años sin verlos. Es como un logro personal y una forma de cerrar el ciclo de 2025».

Entre tema y tema, Chulius mantuvo su registro habitual, entre el humor y la complicidad. Uno de los momentos más comentados de la noche llegó cuando intentó imitar la voz de Natalia Lafourcade, provocando carcajadas y aplausos que rompieron cualquier atisbo de solemnidad. La banda se permitió jugar, improvisar, estirarse, como quien sabe que tiene al público de su lado.

Hacia el final, un apagón estratégico sumió el lugar en oscuridad. No fue silencio lo que siguió, sino un coro espontáneo. Fragmentos de “Óyeme Nena” y “Esto es Lo Que Hay” comenzaron a escucharse desde distintos puntos del recinto, hasta volverse una sola voz. Cuando regresaron las luces, la respuesta fue inmediata. La fiesta retomó fuerza con la presentación de “Wiki Wiki”, uno de sus temas más recientes, recibido con entusiasmo genuino, señal de que la banda no vive solo del archivo.

Con Wiki Wiki a miuchos se les puso la cara roja, las parejas se miraban y decían al oido una y otra vez «wiki wiki».

Más allá del escenario, el sonido fue un elemento clave de la experiencia. La claridad y potencia permitían disfrutar del concierto incluso desde zonas alejadas del área principal. La producción técnica, a cargo de Alive junto a Interaudio, se desarrolló sin sobresaltos. Iluminación precisa, montaje sólido y una logística que acompañó el ritmo del show sin robarle protagonismo.

Para Maurizio Zanzi, director general de Alive, el resultado de la noche va más allá de la convocatoria. Según explicó, este tipo de eventos son la consecuencia de un trabajo que busca articular ciudad, públicos y productores. Destacó que Valencia está construyendo una identidad como plaza cultural, donde distintas tribus urbanas pueden convivir sin competir, y donde la experiencia del concierto vuelve a ocupar un lugar central.

El cierre no fue definitivo. Chulius anunció con entusiasmo que regresará a Valencia el próximo 20 de diciembre para una fecha especial, noticia que fue recibida con aplausos inmediatos. Los Amigos Invisibles continúan su gira con una presentación en Lecherías el 14 de diciembre, mientras Alive prepara su tradicional fiesta navideña del 24, aún por anunciar.

Brandon Palencia, al escuchar que habría un próximo concierto, esta vez en Karma Experience Night Club, sintió un cosquilleo en su interior y pensó si sus finanzas alcanzaban para otra entrada. «Son $40 que tengo y que no dudaré en usarlos para ir al concierto, además es íntimo y eso es otra vibra, Los Amigos Invisibles lo valen sin duda alguna».

Al final de la noche, el público se retiró lentamente, con la sensación de haber participado en algo más que un concierto. Fue un reencuentro con canciones que no envejecen y con una ciudad que, por unas horas, volvió a moverse al mismo ritmo.