La temporada navideña abrió paso en el Centro Social Madeirense con una celebración que entrelazó devoción, música popular y la nostalgia luminosa de diciembre. El tradicional Encendido de la Navidad y la Explosión Gaitera marcaron el inicio del calendario festivo del club, una costumbre que ya forma parte del imaginario decembrino de la comunidad luso-venezolana en Carabobo.
La jornada comenzó con la Misa de Acción de Gracias por los 47 años del CSM, presidida por el monseñor Jesús González de Zárate y concelebrada por el padre Pedro De Freitas. Tras la ceremonia, la imagen peregrina de la Virgen del Socorro fue llevada en un breve recorrido por las instalaciones, un gesto que reafirmó el vínculo espiritual que acompaña cada aniversario.
El sábado 29 de noviembre quedó entonces como una fecha para destacar el talento gaitero que continúa formándose en la región. Varias agrupaciones escolares —La Fe, La Salle, Santa Rosa y La Candelaria— compartieron escenario con Made Gaitas, la agrupación anfitriona y referente del centro social. Juntos armaron un repertorio que osciló entre clásicos navideños y piezas emblemáticas del género, logrando un ambiente que combinó celebración juvenil y memoria cultural.
La noche avanzó entre luces. El encendido oficial transformó el recinto en un pequeño territorio festivo: fachadas y pasillos iluminados, árboles decorados y rincones que parecían diseñados para que las familias se detuvieran a contemplar el inicio de diciembre. El momento se sintió como un ritual colectivo, una suerte de declaración de que el espíritu decembrino ya había comenzado.
El presidente del Centro Social Madeirense, Alexis Fernández, destacó que el evento se ha convertido en una de las tradiciones más queridas por la comunidad, especialmente por su capacidad para reunir generaciones y mantener viva la gaita como expresión identitaria. También extendió la invitación a socios y visitantes a disfrutar de las actividades navideñas que seguirán en los próximos días, insistiendo en el valor cultural y afectivo que envuelve cada edición.
La celebración no solo inauguró la temporada de luces; también reafirmó el lugar de la música tradicional en la vida pública del estado. En un año donde tantas costumbres se transforman o se diluyen, la gaita y la Navidad encontraron aquí un espacio para mantenerse intactas, sonando y brillando un poco más.

