Cuando se habla de música venezolana que ha logrado trascender generaciones, Los Amigos Invisibles ocupan un lugar inevitable. Desde los bares de Caracas de los noventa hasta festivales internacionales, la banda ha tejido un sonido que combina funk, disco y ritmos latinos con una irreverencia única, letras pícaras y un sentido del humor que contagia. El jueves 12 de diciembre, Valencia tendrá la oportunidad de sumergirse en esa energía en Wynwood, en un concierto que promete no solo reproducir éxitos, sino revivir la sensación de un país que baila con descaro y complicidad.
Julio Briceño y José Rafael Torres, el Catire, lideran la noche con la certeza de quienes saben que no solo traen música, sino un legado. Cada tema del setlist funciona como un hilo que conecta al público con recuerdos de fiestas universitarias, graduaciones y reuniones en patios donde la risa y el baile eran la regla. Desde la irreverencia de “Ponerte en Cuatro” hasta la sensualidad juguetona de “La Vecina” y el ritmo contagioso de “Cuchi Cuchi”, cada canción se transforma en un ritual colectivo. La banda sabe que su público no viene solo a escuchar: viene a cantar, a reír, a dejarse llevar, a vivir el “despecho” y la picardía que siempre han caracterizado su música.
El concierto, como explica Maurizio Zanzi, director de ALIVE, encarna la llamada “Venezuelan Gozadera”: un fenómeno cultural donde la música se convierte en excusa para celebrar la identidad, la resistencia y la alegría del país, incluso en tiempos de dificultad. Los Amigos Invisibles no hacen simples shows; crean espacios de encuentro donde confluyen distintas generaciones y se respira una complicidad que pocos artistas nacionales logran generar. No importa si llegas con 20 o con 40 años, si escuchaste sus primeros discos en cassette o los descubriste en streaming, todos se encuentran en la misma risa, en el mismo baile, en el mismo instante.
Este regreso a la escena caraqueña —y ahora valenciana— tiene algo de reivindicación. Tras años sin conciertos de esta magnitud, la banda se enfrenta al reto de reconectar con un público ávido y exigente, recordando su influencia en la escena musical venezolana y latinoamericana. La noche promete ser una mezcla de memoria y presente: una crónica viva donde lo clásico y lo contemporáneo se abrazan, donde el funk se mezcla con la picardía criolla, y donde cada canción se siente como una celebración de lo que significa ser venezolano, bailar y reír pese a todo.
Para Valencia, esta cita es más que un concierto: es un evento cultural que recuerda la capacidad de la música para construir comunidad, para transformar espacios urbanos en epicentros de identidad y para conectar generaciones. Los Amigos Invisibles regresan no solo con un espectáculo, sino con una lección de alegría, irreverencia y autenticidad que confirma por qué su sonido sigue definiendo la fiesta venezolana.

