La mayoría de las personas no guarda recuerdos de sus primeros años de vida, un fenómeno conocido como amnesia infantil. Durante décadas, científicos han debatido si los bebés realmente crean recuerdos o si simplemente no pueden acceder a ellos en la adultez.

Nick Turk-Browne, profesor de Psicología y Neurocirugía en Yale, explica que antes se creía que los bebés no formaban recuerdos porque su hipocampo —región clave para la memoria— no estaba desarrollado. Sin embargo, un estudio de su equipo con imágenes cerebrales de bebés sugiere lo contrario: desde alrededor del primer año de vida, el hipocampo muestra actividad asociada con la formación de recuerdos.

Aun así, persisten las dudas sobre qué ocurre con esas memorias. Investigaciones en animales muestran que ciertos recuerdos pueden “apagarse” pero recuperarse artificialmente, lo que abre la posibilidad de que algo similar ocurra en humanos.

Catherine Loveday, profesora de Neuropsicología en la Universidad de Westminster, señala que los niños pequeños sí relatan experiencias recientes, aunque con el tiempo dejan de recordarlas. Esto indica que los recuerdos existen, pero se desvanecen o no logran consolidarse. Además, advierte que muchos de nuestros supuestos “primeros recuerdos” podrían ser reconstrucciones basadas en relatos familiares.

El enigma de la amnesia infantil no solo plantea preguntas sobre la memoria, sino también sobre la identidad: ¿cómo nos define el hecho de no recordar los primeros capítulos de nuestra vida?