Triunfó en Valencia la obra Perfectos Desconocidos

¿Qué pasaría si, en medio de una cena entre amigos, cada llamada y cada mensaje que llegara al celular de los presentes tuviera que leerse en voz alta? La pregunta, tan simple como inquietante, es el detonante de Perfectos Desconocidos, obra que acaba de aterrizar en Valencia tras una exitosa temporada en Caracas.

El montaje, dirigido por Basilio Álvarez, adapta la cinta italiana Perfetti Sconosciuti, del realizador Paolo Genovese, convertida desde 2016 en un fenómeno mundial con más de una veintena de versiones y un récord Guinness que lo confirma como el guion más reinterpretado del cine reciente.

Para darle vida sobre las tablas, Álvarez contó con un elenco de lujo: Nohely Arteaga, Sócrates Serrano, Sonia Villamizar, Aroldo Betancourt, Luigi Sciamanna, Jeska Lee e Iván Tamayo. Todos ellos interpretan a un grupo de parejas y amigos de toda la vida que, bajo el pretexto de observar un eclipse lunar, deciden jugar un “inocente” reto con sus teléfonos. El resultado: una velada en la que la confianza se resquebraja y las máscaras caen.


Entre lo íntimo y lo secreto

La obra recuerda que las personas llevamos varias vidas superpuestas: la que mostramos al público, la que reservamos a lo privado y aquella más profunda que preferimos ocultar. Ese último nivel, el de los secretos, es el terreno en el que se mueve la trama.

Nohely Arteaga lo resume en una reflexión: Perfectos Desconocidos habla de lo que no decimos, del desconocimiento real de quienes nos rodean y de la ilusión de creer que conocemos a alguien por completo. Luigi Sciamanna coincide: “Ni siquiera con absoluta confianza podemos conocer a otro ser humano al cien por ciento”.


El celular como espejo

El teléfono, objeto cotidiano, se convierte aquí en símbolo y amenaza. Es la caja negra de nuestras vidas: conversaciones privadas, búsquedas, deseos, culpas y contradicciones que quedan almacenadas en silencio hasta que alguien decide abrirlas.

Jeska Lee lo explica con claridad: “No es que tengamos algo que ocultar, es que no nos relacionamos igual con un amigo que con nuestra madre. Hay contextos que nos obligan a callar”. Y de eso trata la obra: del derecho a preservar un espacio propio, del respeto a la intimidad ajena y de la incomodidad de reconocer que todos guardamos un rincón oscuro.


Una mirada actual

El guion, más allá de lo teatral, refleja dilemas muy contemporáneos: la infidelidad, la desconfianza, el impulso de revisar el celular de la pareja y la tentación de creer que todo debe saberse. Un estudio colombiano de 2017 señalaba que las mujeres revisan más el teléfono de sus parejas; sin embargo, en escena, la obra demuestra que la infidelidad y la opacidad no entienden de género.