Una ola de protestas violentas, liderada por jóvenes de la Generación Z, ha sacudido a Nepal, llevando a la renuncia del primer ministro Khadga Prasad Sharma Oli. La chispa que encendió los disturbios fue el bloqueo gubernamental de redes sociales populares como Facebook, Instagram, X y YouTube, lo que se sumó al descontento generalizado por la corrupción y la mala gobernanza.
Las manifestaciones, que se han extendido desde la capital, Katmandú, a otras ciudades, se tornaron violentas cuando los manifestantes intentaron irrumpir en el Parlamento. La policía respondió con cañones de agua, gases lacrimógenos y, en algunos casos, con fuego real. Sin embargo, la represión no detuvo a la multitud, que logró incendiar el Parlamento y la casa del primer ministro, lo que obligó a evacuar a los miembros del gabinete.
Una crisis profunda con consecuencias inmediatas
A pesar de que las autoridades levantaron la prohibición de las redes sociales, los disturbios no cesaron, lo que demuestra que las demandas de los manifestantes van más allá de la libertad digital. La crisis económica, la inflación y la corrupción son las verdaderas causas de la ira popular.
En una carta dirigida al presidente Ram Chandra Poudel, Sharma Oli anunció su dimisión, esperando que su salida permita al país avanzar hacia una “solución política”. Los analistas, como el exjefe de Infantería del Ejército indio Shashi Asthana, han calificado la situación como un posible “cambio de régimen”, el peor tipo de disturbios en décadas en un país que ha luchado por la estabilidad desde que se abolió la monarquía en 2008.

