El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, reflexionó sobre su primer año en el exilio en un artículo publicado en el diario español El Mundo. Allí relató cómo su salida inesperada del país se transformó en una misión para resguardar la voluntad de millones de venezolanos que votaron por un cambio democrático.
González recordó que su exilio comenzó el 23 de agosto de 2024, cuando abordó junto a su esposa un avión militar español en República Dominicana. La aeronave, enviada desde Madrid, había llegado en medio de negociaciones políticas que no se concretaron. “Ese aparato no estaba allí para extraerme ni imponerme nada, sino para proteger casi 8 millones de deseos de cambio venezolano”, escribió.
Ya en Madrid, el reencuentro con su hija y nietas dio sentido a la nueva etapa. No obstante, el dirigente subrayó el dolor de la distancia y la desaparición forzosa de su yerno, Rafael, secuestrado en Venezuela hace ocho meses. “Ellos han seguido creciendo con la ausencia de su padre y también con la mía. Esas ausencias son las que más pesan en el exilio”, lamentó.
El líder opositor destacó la acogida de España y su primer encuentro con el presidente Pedro Sánchez en La Moncloa. “Me dijo que en su país yo era un hombre libre; libre de hablar, de andar, de reunirme. Ese mensaje me ha acompañado durante todo este año”, recordó.
Durante estos doce meses, González ha mantenido una agenda internacional activa: reuniones con líderes políticos, denuncias en organismos multilaterales y encuentros con la diáspora venezolana. Explicó que su labor ha sido “proteger no solo las actas resguardadas en bóvedas en Panamá, sino también la legitimidad de los votos que representan la confianza del pueblo”.
Asimismo, resaltó la coordinación con María Corina Machado en la preparación de una transición democrática. “María Corina y yo hacemos buen equipo. Este ha sido un año que nos ha permitido darle orden al plan”, aseguró.
El presidente electo, que cumplió 75 años en el exilio, insistió en que su permanencia fuera del país no significa abandono, sino compromiso. “No defiendo un cargo ni un nombre; defiendo un mandato legítimo que pertenece al pueblo venezolano”.

