Este miércoles, todos los partidos de la oposición en Israel acordaron iniciar un proceso político en la Knesset que podría culminar con la salida del primer ministro Benjamín Netanyahu. Se trata de una maniobra parlamentaria que, de concretarse, disolvería el Parlamento y convocaría a elecciones anticipadas en un plazo de 90 días.
Aunque el procedimiento requiere tres votaciones con mayoría absoluta (61 votos), el bloque opositor ya cuenta con esa cifra clave, gracias al sorpresivo respaldo de los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, tradicionalmente aliados de Netanyahu. Ambos anunciaron su apoyo a la disolución del Parlamento, frustrados por la falta de aprobación de una ley que eximiría del servicio militar obligatorio a los estudiantes religiosos.
El detonante inmediato ha sido el conflicto por el servicio militar, pero la raíz de la crisis es más profunda:
- El manejo de Netanyahu frente a la crisis de los rehenes retenidos por Hamas.
- Su estrategia política desgastada.
- Las acusaciones de corrupción que enfrenta en tres causas distintas.
“En coordinación entre todas las facciones, se decidió retirar la legislación de la oposición de la agenda para concentrar todos los esfuerzos en un solo objetivo: derrocar al gobierno”, reza el comunicado conjunto difundido tras la reunión de este miércoles.
En esta etapa, el futuro político de Netanyahu se juega en un delicado equilibrio: si Shas cede a la presión del oficialismo y cambia su voto en las siguientes rondas, el primer ministro podría sobrevivir otra crisis más. Pero si la oposición se mantiene unida, Netanyahu quedaría como líder interino por tres meses hasta nuevas elecciones.

